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domingo, 12 de mayo de 2013

CRÓNICAS MORISCAS DE UN CRISTIANO VIEJO DE LA MONTAÑAS DE LEÓN


DE LA MUERTE Y CEREMÓNIAS FÚNEBRES EN EL MAGREB AL-ARABÍ

Siro Sanz García
Terrible momento el de la muerte, cuando el hombre se enfrenta al gran misterio del más allá y cesa todo el autoengaño, mentiras, fruslerías y banalidad que envuelve nuestra existencia desde la más tierna infancia. Lejos quedan ya los usos antiguos para enfrentar la muerte en la Montaña de Riaño, en aquellos tiempos por casa del moribundo pasaban sus parientes y amigos con el único fin de reconfortar y dar el último adiós antes del inevitable viaje. Lavar y amortajar al difunto era entonces una labor piadosa de la que algunos hacían casi una profesión. El ceremonioso velatorio al que asistía toda la comunidad, constituía un lugar de encuentro que apaciguaba las rencillas más enconadas. La muerte era un asunto público, no se escondía, observado y enseñado a los niños desde la edad de la conciencia. En muchos pueblos del macizo del Peñacorada, aún a principios del siglo XX se contrataba a plañideras para llorar en los entierros más rumbosos (dato recogido oralmente de Esteban García del Blanco. Robledo de la Guzpeña), estas profesionales del llanto, se mesaban los cabellos e incluso se arañaban la cara con arrebatado sentimiento, auténtico o fingido, el caso era llorar. El alma aún confundida y la carcasa de su cadáver nunca eran abandonadas durante la noche como ahora  se hace en las impersonales salas del tanatorio. Moríamos en nuestras casas, incluso en el mismo lecho en el cual habíamos nacido. Se bebía y banqueteaba en honor de todos los difuntos. El luto ahora tan cuestionado se entendía por el que lo vestía (sobre todo las mujeres) como una demostración de dolor y por los demás como una señal de aviso y respeto al duelo que esas personas tenían por sus abuelos, padres, hermanos o parientes. En fin…, o tempora o mores.
Veamos como se enfrentan nuestros vecinos magrebíes al supremo momento de entregar los trastos. Narraré aquello de lo cual he sido testigo en multitud de agonías de varones y mujeres. Los usos con el cuerpo presente sólo los he podido observar cuando el difunto era un varón, describo la ceremonia con las mujeres de oídas, pues el varón nunca asiste al amortajamiento de las mujeres. Cuando la muerte es inminente y los signos y señales de la misma se hacen evidentes al moribundo se le da “el agua de la muerte”; con un hisopo de algodón se dejan caer tres o cuatro gotas de agua en su boca pronunciando al oído la Saada o profesión de fe musulmana: “La ilaha la ila la- ua asadu anna Muhamad rasul ula”: Doy fe que no hay más que un Dios y Muhamad es su profeta.
Se dice en el Magreb, que la muerte comienza por los dedos de los pies y recorre todo el cuerpo hasta llegar a la cabeza y que el dolor de la muerte deja los ojos abiertos sin pestañear; cuando observan estos signos admiten comúnmente que la muerte ha hecho acto de presencia. Antes que llegue el rigor mortis, cierran los ojos y colocan los brazos pegados a lo largo del cuerpo. Se  cubre el cadáver con un lienzo blanco y así permanecerá en una habitación un tiempo hasta el embalsamamiento. Fuera, las mujeres inician el llanto, aunque últimamente los de la barba, los rigoristas musulmanes, tampoco están de acuerdo en que se llore al difunto. Es ésta una gentualla que intenta cambiar las tradiciones más acendradas del pueblo marroquí para sustituirlas por las normas tribales y la interpretación religiosa rigorista wahabi predominante en la península arábiga. Pero sigamos con nuestro relato, con el cadáver aún caliente, alguien de la familia sale al zoco inmediatamente para comprar rosas secas, arrayán y una tela blanca de cinco metros; a esto lo llaman: L´ahanut. Después se desnuda el cadáver, se deposita sobre una tarima de madera, con agua templada y jabón se procede al lavado del mismo por dos personas llamadas: G´esal. Acto seguido con el arrayán y rosas secas previamente machacadas y convertidas en polvo dentro de un almirez,  rellenan los espacios entre los dedos de los pies, axilas, cuello, ingles, manos y ano. Para las mujeres el ritual es el mismo, pero realizado por dos mujeres, a la difunta además se le separa el pelo con raya al medio y atan el cabello así separado  por debajo de la barbilla como si fuese un pañuelo. Concluido el tratamiento del cuerpo, es envuelto con  la tela dispuesta a tal fin que se  cierra con una especie de moñete por la cabeza y los pies; se abre unos momentos por la cabeza para que los parientes se acerquen y se despidan. No he dicho al principio pero lo digo ahora que los Talba, gente de la mezquita, rezan el Santo Alcoran desde el comienzo de la agonía y cuando el muerto sale a la mezquita camino del cementerio. Desde el momento de la muerte hasta el entierro suelen transcurrir sólo cuatro o cinco horas, si la muerte ha llegado por la noche, se espera a las primeras luces del día para el entierro. El cadáver es acompañado siempre al cementerio o Makbara por los hombres, las mujeres nunca van al Makbara. El cadáver es transportado en unas andas de madera, cubierto por una tela de color verde, si es de un varón se coloca detrás de los hombres, si es mujer va rodeada del cortejo fúnebre para impedir que Satanás (el maldito, siempre sujeto a Dios) se apodere de ella. Antes de salir el cadáver de una mujer hacia la mezquita, si aún es virgen se hace una procesión con ella por el patio de la casa mientras las mujeres emiten el característico ulular o esguerti. Ya en el cementerio se coloca el cadáver envuelto con el sudario en una estrecha fosa de tierra mirando al Este. Durante tres días no se enciende el fuego en la casa del difunto. Los vecinos y parientes traen todo lo necesario para el sustento de los que allí habitan. A los tres días se enciende el fuego y se prepara una gran cena para todos los parientes, vecinos y amigos que se acercaron en los días anteriores para dar el pésame. Esa  noche, de cuatro a siete Talba no cesan de recitar el Santo Alcoran, cantan las benditas Aleyas y comen entre rezo y rezo opíparamente, separados del resto de los concurrentes en una habitación dispuesta para ellos. En las ocasiones que he compartido el banquete fúnebre con los Talba, no salgo de mi asombro cuando contemplo su capacidad para comer y rezar casi al mismo tiempo, que Dios les conserve el apetito.
Así acaban los días del hombre en las tierras del Magreb al -Arabi. Que Dios guarde y acreciente sus costumbres y tradiciones y a nosotros nos conceda fuerza y entendimiento para enfrentar el fatídico día.

 Cementerio musulmán en el desierto

Cementerio musulmán urbano. (Foto www.fotosmte.s.n)

viernes, 10 de mayo de 2013


LAS FRAGUAS EN EL ÁMBITO DE LA MONTAÑA ORIENTAL LEONESA.
Siro Sanz García

Las fraguas al igual que los molinos y batanes son el testimonio de un mundo preindustrial y nos muestran la inteligencia y laboriosidad de nuestros antepasados que sin subvenciones ni ayuda de organismo alguno fueron capaces de vivir en una tierra de climatología durísima. Mujeres y hombres sin miedo a las calamidades, dueños de su destino y de los recursos que la tierra les ofrecía.
Empezamos distinguiendo los términos ferrería y fragua. Las ferrerías al igual que los batanes acompañaban y se construían en la cercanía de molinos importantes y aprovechaban su infraestructura. El martillo o mazo era uno de los artilugios más importantes en estos edificios. Como en los pisones o batanes, una rueda hidráulica vertical movía el mazo que golpeaba sobre un yunque de hierro sujeto a un gran bloque de madera semienterrado en el suelo.
 En estas ferrerías mayores, se separaba el hierro de las escorias mezcladas a la masa. Mediante el mazo se compactaba la masa de hierro, y se estiraba en barras de diferente grosor. Existían también ferrerías menores o fraguas, ostentaban un martillo más pequeño, una rueda hidráulica de pequeño tamaño era el sistema utilizado para mover los fuelles y el martillo. 
En Valdoré y la Velilla durante el siglo X en la compra de bienes inmuebles aparecen pagos estipulados en “masas de hierro”, más o menos gruesas, también algunas donaciones a monasterios se hacen en “ferramenta” lo que denota la existencia de alguna ferrería y fragua local que elaboraba esas masas de hierro y herramientas que se nombran en los documentos.
En nuestra región, las fraguas se citan a veces asociadas a molinos, así aparecen molinos con el nombre de “molino de la fragua ó del herrero” como por ejemplo en Horcadas y Prioro 1755,  aunque la mayor parte de los molinos carecían de esta importante infraestructura hidráulica. En una economía de pura subsistencia, los instrumentos de hierro que se dedicaban para el laboreo de las fincas: rejas de arado, azadones, horcas, palas, guadañas, hoces, picos, ruedas eran fabricados in situ y después, compuestos una y mil veces intentando alargar su vida útil.
Los callos de las vacas y herraduras de los équidos constituían un apartado especialísimo del trabajo de estos herreros montañeses. La mayor parte de nuestros caminos, sobre todo los que vertebraban las comunicaciones por fondo de valle y que discurrían junto a los dos grandes ríos de la región Esla-Cea, eran caminos empedrados, en origen calzadas romanas, inapropiados para animales no herrados, que evitaban el empedrado para no hacerse daño en sus patas, desplazándose por mil y una veredas de tierra junto al camino. Aún hoy en la comarca de Valdeón los naturales describen los caminos empedrados como “caminos para animales ferrados”. De este modo, todas las vacas dedicadas para el trabajo en el campo: acarreo de la hierba, de la leña, arar y transportar el abono a las fincas debían estar herradas, lo mismo que los bueyes que hasta los años 50 del siglo que pasó utilizaban los montañeses en especial los Sajambriegos para bajar a Campos en sus estacionales carreterías. La fabricación de ruedas con yanta de hierro era otra de las actividades realizadas por el herrero, una vez que los carros chillones con ruedas de madera fueron sustituyéndose en la primera mitad del siglo XX por los de eje y yanta de hierro. Las fraguas y ferrerías utilizaban el carbón de vegetal o el de piedra. Esteban Corral el gran empresario minero de Cistierna, se inicio en el negocio del carbón cuando en  su infancia junto a su padre bajaba carbón a Castilla, en la carretería tradicional montañesa. En el bosque de Valsemana (La Ercina) se documenta el trabajo de carboneros salmantinos durante el siglo XIX y principios del XX cuando era propiedad del farmacéutico de Cistierna Don Tiburcio Vallinas, parte de esa producción iba dirigida a las fraguas montañesas. En tiempos pasado a veces era el mismo herrero y sus familiares los que fabricaban el carbón necesario para la fragua. La explotación de las minas de carbón en la cuenca minera de Sabero, Prado, Valderrueda liberó a los herreros del duro trabajo de fabricación de carbón propio.
La propiedad de las fraguas no siempre era privada, se da el caso de la existencia de fraguas concejiles (Taranilla, Cegoñal) cuya explotación era arrendada a un herrero ambulante o en otros casos utilizada por el común del concejo que la usaban para arreglar las herramientas de labranza de los vecinos. Al herrero se le pagaba en metálico o en especie y a veces incluso con horas de trabajo en sus fincas si es que las tenía.
En el Siglo XVIII se documentan fraguas en Valmartino, Robledo de la Guzpeña, Fuentes de Peñacorada, Horcadas, Burón, Prioro, Soto de Valderrueda, Cegoñal, Taranilla; muchas de ellas perduraron hasta bien entrado el siglo XX, la de Carande y Boca de Huergano son posteriores.
En el XIX destaca el complejo de la Ferrería de Sabero uno de los primeros impulsos industriales de la comarca al que seguiría a principios del XX, año 1905 una industria de fundición y forja denominada “Fundiciones del Esla” en Sorriba (Municipio de Cistierna) instalada en las inmediaciones del molino del Ribero. Esta empresa se constituía como una sociedad anónima para la fundición de hierros colados y bronces con un capital social de 11000 pesetas y sus socios fundadores fueron: Don Lucio Valladares Sierra con domicilio en Cifuentes de Rueda, Don Primitivo Peñacorada Martinez con domicilio en Sorriba y Don Ezequiel Fernández González vecino de Vidanes, este último sería el director gerente de dicha sociedad y los dos primeros formarían el consejo de administración. (Datos extraídos del Archivo Provincial de León-Notarios de León)
A principios del XX existía en las instalaciones del Molino del Ribero de Sorriba (Municipio de Cistierna) una industria de fundición y forja denominada “Fundiciones del Esla” (Foto: Carlos Ferreras García)

 Cárcavo del Molino del Ribero en el Municipio de Cistierna. (Foto Carlos Ferreras García)

Molino de Solores (Cistierna). Uno de los más antiguos de la comarca al igual que el anterior han devenido en ruina total. Aquí existió también un batan. (Foto Carlos Ferreras García)

domingo, 5 de mayo de 2013


CONFERENCIAS DEL INSTITUTO BÍBLICO Y ORIENTAL –SEDE DE CISTIERNA SAN  MARTIN  Y  SANTA MARINA  EN  LA  MONTAÑA ORIENTAL.
INTERPRETACIÓN CRISTIANA DEL CULTO ROMANO. 
Eutimio Martino –Siro Sanz

En las lecciones acerca de “La Romanización y Cristianización de la Montaña Oriental Leonesa” en el marco del Instituto Bíblico y Oriental a cargo de Eutimio Martino y Siro Sanz,  se trato en profundidad el culto a S. Martín y Santa Marina, relativamente abundante en la montaña. Las iglesias que siguen en pie dedicadas a estos santos y muchas ermitas ya en ruinas, testimonian una advocación que necesita ser explicada e interpretada. Este es un brevísimo resumen de la conferencia que trato dicho tema.
Se da por sabido que el culto de S. Martín de Tours está muy extendido por todas partes, un hecho que no admite discusión, y  también se da por sabido que su difusión se debe a  la influencia de los peregrinos franceses a  Compostela, algo que ya no es tan evidente, si acudimos a la historia.
En la Montaña Oriental se documenta S. Martín  por partida doble con anterioridad a la historia de las peregrinaciones, en la era visigótica, en particular en el Esla, en Verdiago  y Las Salas, al menos deductivamente. Más confusa es la figura de Santa Marina, intensamente legendaria. Pero, al tratar aquí solamente de su culto en la región, detectamos  el  paralelismo que muestra  con  S. Martín.
Es absolutamente seguro que Martín proviene del latín y que originariamente significa “perteneciente, relativo a Marte”,  siendo así que Marte es el dios romano de la guerra. Si, por otra parte, observamos que algunas iglesias o ermitas dedicadas a S. Martín coinciden no pocas veces con aquellas  constelaciones de restos e indicios romanos,  que previamente habíamos destacado como “La Huella de las Legiones”,  podemos pensar que pudo producirse  una  sustitución.
Siendo el culto a Marte consustancial para el romano en la campaña militar, fácilmente pudo servir de molde a un culto cristiano que se dirige precisamente a  S. Martinus,  el “perteneciente o relativo a Marte”. Además hay que contar con varias centurias de Imperio Romano hasta que llega el Cristianismo, un espacio suficiente para que se debilite el culto de los conquistadores, haciendo posible la sustitución que parece una re-viviscencia del  pasado,  para superarlo,  como que siempre la religión es arcaica.
El remate lo pone la multiplicación del proceso: porque se añaden otras muchas figuras tanto romanas como cristianas y una intricada geografía de la montaña, que de hecho fue trillada por las legiones, y no sin dejar huella.
 San Martín de Alión en las Salas: Iglesia documentada en 874.

Ruinas del la ermita de Santa Marina, al pie del castro de Robledo de la Guzpeña. En la foto la limpieza de las ruinas llevada a cabo por Promonumenta en 2010, una asociación que se duele de verdad por el patrimonio leonés. En los muros de la fábrica menudea la tégula romana de reborde.

En primer plano ruinas de Santa Marina, Valle de Nuestra Señora en Santaolaja de la Varga, al fondo el castro o Castillón de Santaolaja.

miércoles, 1 de mayo de 2013

¿ES CISTIERNA UN PUEBLO RELIGIOSO? Siro Sanz García



 Domingo del mes de abril, Valle de Sajambre, Iglesia de Vierdes, un pueblo que ha perdido el último habitante estable, fallecido el año anterior; que en paz descanse. Cinco personas en el templo: el matrimonio formado por Luis, Carmina y el hijo de ambos un niño de unos 10 años, todos ellos oriundos de la aldea, Rosario Prieto entusiasta de la historia leonesa y un servidor.
El jesuita P. Martino oficiaba la misa mañanera y, emocionado nos recordaba que aunque éramos pocos, estaban allí en presencia espiritual todos aquellos que en la mínima y remota aldea de la cordillera cantábrica nos habían precedido en la fe católica.
La religión cristiana ha sido defendida y mantenida en estas montañas incluso en el terrible momento de la suprema prueba, cuando la invasión musulmana a punto estuvo de acabar con el pueblo cristiano. Si hoy no se levanta en León capital una mezquita catedral es por aquella lejana resistencia de nuestros antepasados  montañeses cántabro-astures a la fuerza de los emires cordobeses. Nadie insistirá en acusarme de animadversión o prevención contra la Suna y el Santo Alcorán, cuando noche y día convivo, comparto el pan y la sal con los musulmanes. Pero la constatación histórica de la fidelidad a la fe cristiana está ahí, y se plasmó en la lucha emprendida por Pelayo en el siglo VIII, con la ayuda de aquellos montañeses cántabros que iban a concejo;  los cuales según cuenta la crónica se levantaron en armas:  "por la salvación de la Iglesia".
Hoy, la desolación y el abandono de las zonas rurales es una metáfora del abandono de la práctica cristiana en las iglesias de aquellos pueblos y ciudades que si tienen población pero no frecuentan los sacramentos ni asisten a las Iglesias. En Cistierna, la falta de feligresía se deja notar sobre todo en el cumplimiento del precepto dominical y en las manifestaciones públicas religiosas como son las procesiones. Queda en el recuerdo, fijado en viejas fotografías, la asistencia masiva de los cisterniegos sin distinción de clase, sexo y edad a las procesiones de: Semana Santa, el Carmen, Corpus Cristhi, San Guillermo y a otras celebraciones de la religiosidad popular: novenas, rosario, rogativas, via crucis etc. Eran otros tiempos, quizás el nacional catolicismo tenía algo que ver en todo ello. La fe católica se nos había trasmitido sin interrupción desde los siglos III-IV, cuando el cristianismo en origen africano había entrado por la calzada del Esla hasta las cumbres de la cordillera cantábrica, convertida la tribu de los Vadinienses y sus clanes del alto Esla-Cea. ¿Qué nos ha ocurrido en las últimas décadas? 
El fenómeno del abandono de las iglesias atañe a toda la cristiandad católica europea, las razones del mismo son prolijas, un fenómeno muy complejo para ser explicado en pocas líneas. La ofensiva anticatolica y antireligiosa, una especie de rebeldía demoniaca arranca principalmente en la Francia de Voltaire y los enciclopedistas (Cientificismo e Idolatría de la Razón). Desde entonces se suceden despiadados e innumerables los ataques a la religión católica, el clero, el papado, el pueblo cristiano y, perduran hasta hoy día, cuando incluso notables teólogos católicos imbuídos por una soberbia intelectual sin límites socaban la fe católica y sus dogmas desde dentro, asistidos por la indiferencia de aquellos otros que debían combatir semejantes tesis como auténticas herejías. Desde el Concilio Vaticano II, la desafección no ha dejado de crecer y sus causas, creo yo, se pueden resumir en tres palabras: FALTA DE FE. 
La hecatombe se percibe sobre todo en el relevo generacional de los párrocos, cuando constatamos que los seminarios están vacíos. Viene ocurriendo algo verdaderamente misterioso, el Continente Europeo convertido  de forma masiva al cristianismo durante el primer milenio, asiste perplejo a la apostasía general. Parece que Dios nos ha abandonado, que hemos llegado al  final, ¿pero es así?.
En el presente Cistierna al igual que todas las iglesias de las diócesis españolas, lo mismo que toda  la cristiandad católica europea, parece que ha entrado en un inquietante proceso de purificación. Quizás debamos acostumbrarnos a que las iglesias no estén llenas y sean frecuentadas sólo por aquellos que están fuertes en la fe, capaces de resistir lo que está por venir; la higuera muestra ya los primeros indicios de la primavera que llega. Pero no perdamos la esperanza. Seguimos observando signos de auténtica fe en la comunidad cristiana de la villa.
Puede que veamos pocos jóvenes en la Iglesia. Sin embargo los más ancianos siguen dando testimonio de fe. También confiesan su fe: los voluntarios de Caritas y Manos Unidas; los voluntarios de la ludoteca parroquial y todos los catequistas; aquellos otros que continúan colaborando en el coro parroquial tan engrandecido hace años por la sabia batuta de Don Joaquín, Don Telmo, Don Gaudencio; la sede cisterniega del Instituto Biblico y Oriental ahonda en la espiritualidad de una forma abierta e interesante y nos conecta con las raíces autóctonas y foráneas de nuestra religión venidas del Oriente Bíblico; la casa de fraternidad es asistida sin descanso por laicos, destaco entre ellos a Don Fernando y Don Antonio, ellos solitos: reciben, alientan y alimentan a los transeúntes y menesterosos que pasan por allí, son los continuadores de la tradición hospitalaria iniciada en 1120 junto a la iglesia de Santa María; admiro la fe de las señoras que  se ocupan del aseo y buena presencia de las telas, ornamentos y objetos rituales, también de las que decoran el altar mayor y preparan los adornos florales. Supongo una gran fe en aquellas mujeres que mantienen con tanta diligencia  y dedicación la tradición de las capillas (Milagrosa-Sagrada Familia) que visitan puntualmente nuestros hogares, entre ellas señalo por su veteranía y buen hacer a Nievinas. Nos conmueven todas las personas que forman parte de las cofradías cisterniegas, les  contemplo portando las varas, estandartes y medallas en las celebraciones que lo requieren con esa gravedad tan española. Nos reconforta la tradición recobrada y renovada desde hace unos años del canto al ramo en la Misa de Gallo. Nos congratulamos y emocionamos con la bondad  de los sacerdotes que viven entre nosotros, siempre entusiastas  seguidores del Rabí Jesús. Son pastores que nunca nos escandalizaron ni nos dieron malos ejemplos, -"no corrompieron ni solicitaron a nuestras mujeres e hijas, ni se enriquecieron aumentando sus haciendas". En estos difíciles momentos de abandono, con infinita paciencia y valor, siguen pastoreando  rebaño tan mermado. Sorprendido descubro con esperanza que entre nosotros hay personas formándose para ser diáconos. Juan, el mayordomo de San Guillermo de Peñacorada y todos sus colaboradores mantienen con gran trabajo y dedicación una tradición ocho veces centenaria de espiritualidad popular. Concluyo diciendo que  en Cistierna, a pesar de las dificultades, sigue manteniéndose viva la llama de la Fe Católica Romana.
En medio de la tempestad del mar de Galilea Jesús dormía, pero, Jesús ni dormía ni jamás duerme, cuando toca defender a los suyos. Dios no nos ha abandonado y tampoco estamos solos. Como en Vierdes de Sajambre según el hermoso sermón del Padre Martino, en Cistierna también nos acompañan espiritualmente todos aquellos que nos precedieron.

 Esta fotografía es uno de los documentos más antiguos de la religiosidad popular en Cistierna. Nos parece distinguir al fondo el palio, por lo que puede ser la procesión del Corpus, más adelante vemos un imagen llevada en andas por cuatro hombres, transcurre la procesión por la plaza aun porticada en uno de sus lados, los soportales ocupaban la delantera del actual edificio Montesol. . Cronológicamente la escena pertenece a  los años veinte del siglo que pasó o algo anterior, eso portales fueron derruidos en 1923. Reconocemos en primer término la casa de Doña Oliva la Caya, la siguiente es la casa donde se ubicaba el comercio del Señor Beitia, la última es la casa donde funcionó la cantina Candanedo hasta los años ochenta. La huerta del fondo con chopos y tapia de piedra, pertenecía al médico Don Raimundo Morán, hoy Hogar del Pensionista. Acompañan al Santísimo en dos filas mujeres con cirios en la mano,  se cubren con sus rebozos y el tradicional echarpe. También se distingue algún estandarte religioso decorado con motivos eucarísticos. (Foto gentileza de Doña Luisa Polvorinos)

Procesión de Santa Catalina de Sena, años previos a la guerra civil. Los niños de primera comunión posan frente a la imagen en el cruce de la farmacia. A la izquierda la casa de Don Germán, juez de Cistierna por aquellos años, casado con Doña Amalia Corral, hija del empresario minero D. Esteban Corral. La casa desapareció hace unos pocos años. Reconocemos a la izquierda de la foto junto a la monja a la niña: Emma Sanz Sagüillo actual propietaria con Siro Sanz Sagüillo  del Moderno. (Foto familia Siro Sanz)

 Procesión del Corpus, años cuarenta. El párroco Don Fidel Alonso, bajo palio porta la custodia con el Santísimo a punto de entrar en la Iglesia Nueva de Cristo Rey. Vemos tras el pueblo en procesión: la casa de Don Emilio Tagarro, sigue la de Don Celestino y Doña Macaria y al final la de Doña Juanita la Villalona (la reina del postre). Reconocemos portando la primera vara izquierda del palio a Don Reinoldo Compadre (secretario del Ayuntamiento desde la guerra civil), la segunda vara por la izquierda la lleva mi tío Don Inocencio Recio, indiano en Cuba, natural de Villayandre (propietario del Moderno). Acompañan al Rey de Reyes: niñas de primera comunión, autoridades concejiles, Guardia Civil, santos y pecadores; unos más que otros por supuesto y si no... escudriñen, investiguen dentro de la fotografía, en ella se oculta un gran misterio aún por desvelar. (Foto Familia Siro Sanz García)

Altar dedicado a la Inmaculada Concepción, junto a la casa de Chavela en la procesión del Corpus, finales de los años cuarenta. (Foto Familia Siro Sanz)

Altar dedicado al Sagrado Corazón.  Como el de la imagen anterior era un monumento piadoso que se levantaba en alguna de las calles por las que pasaba la procesión del Corpus, al llegar la comitiva al altar, el sacerdote depositaba la custodia y allí se hacía un acto de adoración al Santísismo. Éste que ahora contemplamos se hizo en los portones de la propiedad de Don Teodomiro Alonso, junto al Moderno, corrían los años cuarenta del siglo XX. (Foto Familia Siro Sanz)

Procesión de la Virgen del Carmen años cincuenta. El párroco Don Fidel, cubierto de birrete negro dirige al pueblo a la altura de la huerta de Don Raimundo Morán. En el atuendo de las mujeres sigue predominando los echarpes negros de lana, pañuelos de lo mismo sobre la cabeza, respetan el mandato del velo para toda ceremonia religiosa. La imagen de la Virgen del Carmen fue regalada a la Iglesia en los años cuarenta por la familia Nieto. (Foto en color gentileza de Don Max Rudolf Vaillant, estudiante de nación holandesa que por aquellos años residía en el Moderno)

Año 1959, la procesión de la Virgen del Carmen a la altura del Moderno. Entre las autoridades distinguimos a Don Reinoldo Compadre (Secretario del Ayuntamiento), -Don Pallidio Tejerina Valbuena (Concejal), y al Capitán de la Guardia civil. El autor del blog camina de la mano de su abuela Rosalina Tejerina Valbuena junto a las rayas pintadas en la pared del taller de reparaciones de coches Azteca (Foto de Don Max Rudolf Vaillant)