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viernes, 19 de julio de 2013

CISTIERNA O EL ACOSO DE LAS LÍNEAS ELÉCTRICAS. Siro Sanz Garcia

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Cuando paseamos por los montes concejiles de Cistierna, observamos como año tras año  el mallado eléctrico se extiende por todas partes. No hay lugar al Oeste, Este y Sur de la villa donde las líneas eléctricas no hagan acto de presencia, se ha salvado por el momento la cara norte del macizo de Peñacorada. Entre Cistierna y Sorriba, atraviesa una línea de alta tensión visible desde muchos kilómetros a la redonda, y sigue proyectada la de Sama-Velilla que pasaría entre Sorriba y Vidanes. Algunas de las líneas entran  al área urbana, inmediatas a las casas y a las fincas e incluso sobrevuelan el polideportivo muy próximas a las piscinas municipales y al camping. Las brechas abiertas en el bosque son tan evidentes que nos llevan a pensar en las consiguientes afecciones al medio ambiente y al paisaje boscoso. Son estos unos montes formados por robles maduros y rebollas que a finales del siglo XIX ya sufrieron gran menoscabo y acabamiento por la construcción del ferrocarril, de ellos aún se sirve el pueblo en cortas periódicas administradas por las suertes que reparte el concejo cuando lo ve pertinente; el desmonte para levantar las torres y los cables ha destruido ya muchas hectáreas de arbolado. Dentro del pueblo el cableado sobre las fachadas es tan exagerado y de tan  aparatoso feísmo que nos preguntamos si la empresa instaladora tiene el derecho incontestable de hacer lo que le viene en gana en propiedades ajenas. Cuando vemos las escaleras de los operarios apoyadas en las fachadas ya conocemos el resultado: un gurruño de cables y agujeros que dan al pueblo el aspecto de ciudad Bosnia recién bombardeada. Sin orden ni concierto los cables cruzan las calles  por cualquier lugar,  cuando salen las procesiones con el pendón concejil se las ven y las desean para sortear tanta insidia. En el pago de la Jagariz bajo la Cueva del Elefante se construyó en los años ochenta una fábrica de luz que hasta el presente se ha convertido en una fábrica de dinero para los propietarios, pues por el Esla baja de continuo oro líquido del cual el concejo nunca se benefició, de ella parten otras tantas líneas eléctricas hacia el Oeste y el Este. Cuando hemos visto las aceras del pueblo levantadas en tantas ocasiones, pensábamos que el soterramiento de estas ingentes masas de cable sería la solución adoptada o al menos reclamada por el Ayuntamiento a las empresas del ramo. ¿Tan difícil es en Cistierna adoptar medidas basadas en el sentido común?

 En Europa, también en otras villas y ciudades de España el soterramiento es utilizado desde hace tiempo para minimizar al menos los daños y el feísmo tan visibles en las fachadas y calles de Cistierna. Y para terminar, la Junta Vecinal debe luchar para que no se instale ni una línea más en nuestros montes, la presión sobre la masa boscosa del concejo es inadmisible.

Hasta tres líneas paralelas separadas por apenas cien metros atraviesan el monte comunal por encima de la Campera Mateo. (Foto: Siro Sanz)

Una de las líneas que progresa hacia la Corona, monte que a finales del siglo XIX aportaba al pueblo buenos troncos de roble para las zancas del puente viejo. Las brechas abiertas en el bosque de unos cuarenta metros de anchura han devastado ya muchas hectáreas de arbolado. (Foto: Siro Sanz)

Una de las líneas que entra al núcleo urbano de la villa y se dirige al transformador recientemente restaurado.
Es de agradecer al menos la restauración de este transformador de León Industrial (1911-1948), empresa absorbida por Iberduero en los años cuarenta. Como este edificio existe otro en Cistierna. (Foto: Siro Sanz)

Los camellos suelen frecuentar la trasera del transformador atraídos por la verde hierba y lo tranquilo del lugar. (Foto: Siro Sanz)

Grandioso ejemplo de gurruño eléctrico en una de las fachadas de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)

jueves, 11 de julio de 2013

Enterramiento Medieval bajo la Corte de Columbiano en el barrio de San Guillermo de Cistierna

pelayo lobo conty | león 11/07/2013 Diario de León
Apareció por sorpresa y en buen estado de conservación. Roberto Fernández Tejerina se topó con un niño del pasado mientras reparaba el patio de su casa en Cistierna. El hallazgo se produjo en una finca próxima al castillo de Aguilar, por lo que podría haber más enterramientos en la zona.
La cronología de este tipo de tumbas se sitúa en torno a los siglos IX al XII, pues tal y como afirma el historiador local Siro Sánz, «es la característica tumba medieval en cista, en la cual se hace una fosa, se hincan piedras en todo el perímetro de la tumba y, más tarde, se cubre con lajas», como se puede apreciar en la fotografía.
Siro Sánz confirma que la tumba nos indica un poblamiento, anterior al barrio ‘viejo’ actual, a mediados-finales del siglo IX. Sostiene también que «la fosa es la tumba de un niño de 3 a 5 años», hay que recordar que la mortalidad infantil en la época rondaba el 75%.
Por el momento se desconoce el sexo del niño y no se ha visto ningún ajuar ni nada especial que lo identifique con alguna familia relevante de la época. Es una tumba que tiene las características típicas de ese momento, como la orientación— tradicional de los enterramientos cristianos— o las ‘orejeras’ empleadas para sujetar la cabeza del niño.
Asimismo, el experto asevera que «estos grupos familiares se suelen enterrar unos junto a otros, en el interior del templo o en el exterior». Además sostiene que «teniendo en cuenta que es un templo exterior ya desaparecido, podemos datar este cuerpo en una fecha anterior al 1120, entre el siglo X u XI con mayor afinidad». Lugares como el nombrado son cementerios parroquiales y se recogen testimonios que confirman que han aparecido más tumbas con esas características en los aledaños de ésta, lo que nos reafirma que aquí estaba el núcleo poblacional con su templo.
El historiador, natural de la comarca de Cistierna, asegura que los restos «aparecen en un lugar muy interesante, puesto que pueden estar indicando el origen del pueblo de Cistierna, tras la repoblación de la montaña oriental leonesa», tal y como actualmente hoy se conoce. Del mismo modo, la tumba parecen confirmar la existencia de otro templo anterior de la localidad, que hoy se encuentra desaparecido.
Sánz asegura que «las fechas de repoblación para la montaña oriental están muy claras, pues tenemos dos documentos, uno del año 854 —documento de Pureyo— y otro del año 874 — documento de Sisnando de Liébana—, laico y clérigo respectivamente». Ambos repobladores recibieron del rey Alfonso III tierras en el Alto Esla y «son algo así como la carta fundacional de la montaña oriental leonesa», confirma el historiador.
Por lo tanto, este hallazgo permite a historiadores como Sánz confirmar que «estamos ante el origen de los primeros habitantes de Cistierna», pertenecientes a una comunidad campesina del siglo IX que se asienta posiblemente en las zonas altas de la montaña, en torno al castillo de Aguilar, que funcionaba entonces como un complejo defensivo entre Sabero y Cistierna, con un gran castillo, una gran villa amurallada, que se dan vista de forma estratégica el uno al otro y que cierran la entrada del alto valle del Esla hacia el norte. Cabe destacar, según palabras del historiador, que «el hecho de que aparezca una tumba al lado del murrial, significa que los habitantes cristianos se sienten más seguros» frente a los musulmanes.

martes, 9 de julio de 2013

LA RECONSTRUCCIÓN VADINIENSE


                                                     Eutimio Martino -Siro Sanz

CONFERENCIA EN EL INSTITUTO BIBLICO Y ORIENTAL DE CISTIERNA. LA PROTOHISTORIA DE LA MONTAÑA CURSO 2012-2013: HACIA LA RECONSTRUCCIÓN VADINIENSE SU MUNDO Y SUS LÁPIDAS (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño)

RESUMEN:
Los Vadinienses…, el pueblo más desconocido en sí mismo y en su historia, solo conocido y aun apenas por las lápidas funerarias de sus hombres, un conjunto de aproximadamente setenta. Un pueblo ni siquiera conocido por los especialistas, o tenidos por tales.
La primera pregunta y más introductoria: ¿Dónde se hallan las lápidas respectivas? Una cuestión que tiene la respuesta global geográfica en el Sella medio, en torno a Cangas de Onís, y en el alto Esla de la Cordillera Cantábrica. Una doble ubicación. Que deja el intermedio vacío para las incógnitas.
Pero la cuestión de la ubicación se concreta sobre el terreno: ¿En qué lugar determinado se hallaron las lápidas? No ya el lugar individual en que se recogieron sino el tipo de lugar acorde a la romanización. Porque, al pertenecer los vadinienses al territorio cántabro sometido poco antes por el romano, sus lápidas, ya escritas en latín, deben delatar obviamente las coordenadas básicas de la romanización.
Pues bien, las indicadas lápidas han sido halladas invariablemente dentro de los núcleos de nuestras aldeas como formando causa común, las más de las veces en torno a ermitas, en la fábrica de las iglesias, rarísima vez en un alto lejano y acaso nunca en el recinto castreño, el hábitat supuesto de los vadinienses para los tiempos anteriores a la conquista  romana.
Pero solamente para aquellos tiempos, porque Augusto, según consigna Floro, historiador de aquella guerra, después de someterlos, desconfiando del abrigo de los montes, en que se refugiaban, les ordenó que habitasen establemente los campamentos romanos, que se hallaban en lo llano.
Lo mismo relata Estrabón, el geógrafo contemporáneo de la conquista. La misma medida que aplicará César con los lusitanos del Monte Herminio, según el autor de Bellum Hispaniense. De suerte que las lápidas aparecen allí donde el lector de la historia cuenta con ellas y no en otra parte. Debemos abandonar ya la coletilla de ciertos especialistas que hablan de estos monumentos funerarios como material de acarreo. Con lo que, a través de las lápidas, ahora se lee de abajo arriba de acuerdo con lo que antes leíamos de arriba abajo. Es decir, la historia misma es la que sale favorecida.

La suposición de que un lugareño de nuestro tiempo haya extraído la piedra, sin duda ya sepultada, en el ámbito del castro prerromano, para cargar con ella con rumbo al pueblo actual, conlleva más carga de absurdo que lo que pesa el penasco.

DOVIDER/ US AMPA/ RAMI F(ilius) PR/ INCEPS CA/ NTABRORU/ M H(ic) S(itus) E(est) DE/ OBRIGI P(osuerunt) F ( ...)/ M(onumentum).

Lápida de Dovidero hijo de Ampáramo príncipe de los cántabros, hallada en el atrio de la iglesia de San Pelayo, Robledo de la Guzpeña (León). Actualmente en el Museo Arqueológico de León.

miércoles, 3 de julio de 2013

Fuente el Quiego (Velilla de Valdoré)

Martino-Siro

La Fuente el Quiego se encuentra en el término de Velilla de Valdoré, a un kilómetro más o menos del pueblo en un pago ya descrito en  documento del año 1000, donde también se cita la calzada que aún se conserva junto a la fuente: “per illos erveliares iuxta illa foce...et per illa Karrale que discure ad uila”. Los (erveliares) se nombran actualmente como los Arbejales, situados sobre la (foce) hoy la hoz, y la (Karrale) calzada que pasa al borde de la fuente ( JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ- MARTA HERRERO. Colección Documental de Santa María de Otero. D 49). La fuente es un manantial perenne inmediato al citado camino empedrado, documentado de nuevo como carraria en el año 1008: “per illa carrera que discurrit a Cremanes ad Orede et per termino de donna Justa…” (M. HERRERO DE LA FUENTE D  393,  Sahagún). Era y es un camino lateral al valle del Esla, margen derecha, que pasa  de Crémenes  a  Valdoré.  En Corniero a la altura de la ermita de San Juan se dirige a la collada de Aviados y de aquí baja a La Velilla de Valdoré. Se le menciona por tercera vez en 1009 “Carraria que discure de Pando” (JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ- MARTA HERRERO. Otero de las Dueñas, D 81).
La calzada sale de una  abrupta y estrecha hoz por donde discurre el arroyo y se dirige  en línea recta hacia el manantial, pero al llegar a ella, no sigue el trazado directo que lleva, sino que la rodea y remonta por encima. Se aprecia la señal de respeto al no invadir una especie de deambulatorio tallado en la roca en torno del manantial.
A la oquedad de unos cuatro metros de profundidad donde brota la fuente se entra perfectamente caminando y da la impresión de ser agua buscada cavando en la roca. El material  así  extraído   se ha utilizado para levantar un muro de protección delante de la cueva, debajo del cual sale la corriente. El deambulatorio y el giro de la calzada junto al manantial nos inducen a pensar en una fuente que recibió culto religioso.  El titular de la parroquia de la Velilla es San Pedro, santo acuático muy requerido para cristianizar lugares donde el culto pagano al agua se mantuvo hasta la llegada del cristianismo.  No son extraños para nosotros en la Montaña Oriental estos lugares sagrados donde la epifanía de lo sobrenatural se mantiene a pesar del tiempo que todo lo acaba. Recogemos de los naturales de la Velilla el testimonio de la aparición en el entorno de la Fuente el Quiego, de lápidas vadinienses. El nombre del manantial es prerromano, figura  como antropónimo en una lápida de esta tribu dada a conocer por nosotros recientemente en la Velilla, (ver artículo publicado en Enero). 
No omitiremos advertir que en Soto de Sajambre existe Valdelosciegos, previamente, Quiegos con seguridad.
Ojalá mis paisanos de la Velilla de Valdoré, se perpetúen en el territorio de sus antepasados y sigan velando como la han hecho en los últimos 1000 años  por la Fuente del Quiego, un monumento rupestre ubicado en un lugar de gran valor  cultural, medioambiental y paisajístico.
 Calzada inmediata a la Fuente el Quiego en el tramo de La Hoz, documentada en el año 1000. Foto: Siro Sanz
Grandioso tramo de la calzada cuando se acerca a la fuente situada al fondo de la imagen. Una vía con mil años documentados, paralela a la del Valle del Esla, practicada hasta mediados del siglo XX en la carretería de Tierra de Campos.

 La Fuente el Quiego. Foto: Siro Sanz

 Deambulatorio en torno a la fuente. Foto: Siro Sanz

Interior de la Fuente el Quiego. Foto: Siro Sanz