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domingo, 1 de junio de 2014

CRONICAS MORISCAS DE UN CRISTIANO VIEJO DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN: La magia en el medio urbano del Magreb- Al Arab. Rituales extáticos para convocar a los jnum. La ceremonia de Lilat. Siro Sanz




Cuando se pregunta a los marroquíes si se practica la magia (sahir) en su tierra, lo niegan avergonzados. Sobre todo, lo niegan en los últimos tiempos cuando las interdicciones rigoristas wahabies ajenas al Islam Maliki del Magreb-Al- Arab, intentan acabar por todos los medios con unas  prácticas antiquísimas, influenciadas también por los cultos animistas de más allá del Sahara,  anteriores a la conquista musulmana, parte integrante de la cultura e idiosincrasia bereber e incluso de la otrora abundante población judía. Se alzan últimamente voces para la defensa de estas acendradas tradiciones y conocimientos con el fin de servir de freno al integrismo islámico, deseoso de instaurar una especie de globalización religiosa que tiene por objeto expandir el sentir religioso de los más fanáticos, a la vez, los más ignorantes del mensaje de misericordia y perdón que atesora el bendito Al-Coran. No es nada nuevo, en el siglo XVIII un movimiento integrista wahabi fue combatido hasta el exterminio por una alianza de tribus bereberes,  cuando aquellos intentaban acabar con el culto a los santos (walis) destruyendo como perros rabiosos las zahuias (ermitas),  prohibiendo los mussens (romerías), la música, el baile y las artes. La creencia en los djnum (espiritus) especie de entidades que ocupan un lugar intermedio entre los ángeles y el diablo, es general en el Magreb; una especie de sociedad paralela a la humana, habitadora del inframundo. Al djim (espíritu), se le puede convocar para hacerle propicio a los vivos e invitarle a participar en determinadas actividades; incluso se le puede exorcizar cuando es malévolo y causa problemas en las casas o personas. Una fiesta-ceremonia importante para convocar a los djnum es la denominada "Lilat". Relataré lo que he presenciado como testigo en el Lilat de doña Fátima, excelente y reconocida shuawwafa (vidente) además de ferviente musulmana de Medina Murrakus. Mi participación en estos eventos es puramente pasiva, ubicado en lugar discreto, debido a mi condición de masigi (seguidor del Mesias) o nasarani (seguidor del Nazareno), siempre previa invitación de amigos o familiares; seguimos el áureo principio de no acudir donde no se nos llama.
Las shuawwafas  suelen reunirse para el Lilat en el mes de Sabán, ésto es, cuarenta días antes del Ramadan, pues durante el mes sagrado del ayuno, los djnum son ahuyentados o permanecen encadenados y todas esas ceremonias están prohibidas. En el Lilat, la shuawwfa solicita a los djnum que renueven en ella las facultades adivinatorias e incluso exorcizan espíritus malévolos que molestan a alguno de los participantes. Cuando se sospecha que alguien tiene  mal de ojo, se le aconseja acudir al Lilat para liberarse  por medio de la ceremonia. Las hijas del Magreb emigrantes en Europa cuando bajan en vísperas del Ramadán suelen asistir al Lilat para exorcizar lo males de la civilización europea: depresión, tristeza, agobios producidos por el consumismo y el tener etc; una especie de terapia de grupo que realmente cura enfermedades psicosomáticas y adicciones varias. Antes del Lilat, la shuawwfa debe hacer la ziara o visita a siete zahuias (ermitas) de siete salig o santos; permanece tres días en cada zahuia. Entre los santos más importantes que debe visitar se encuentran: Muley Ibrahim en el Gran Atlas, allí acuden las moras mozas a pedir la fertilidad de sus vientres y donde también se dice (atención a los casados) que vas casado y regresas divorciado; Tameslog, santo milagrero de poderosa Baraka capaz de producir la lluvia cuando se hacen las rogativas pertinentes; el poderoso Sidi Cham Harouch que ata y desata las voluntades humanas, a su cueva en el Gran Atlas junto al Toubkal acuden los endemoniados para ser exorcizados; Hadi ben Aisa que tiene su zahuia en Meknes; Sidi Bel Abbes, ermitaño en Guelis y santo patrón de Murrakus, con hermosa zahuia en la medina; Buia Omar, cercano a Medina Murrakus lugar donde se lleva a los (hamak) enfermos mentales, drogadictos, alcohólicos; incluso se acogen por allí a sagrado delincuentes escapados de la justicia. Se nos encoge el corazón al contemplar la magnitud del dolor humano en ese lugar. Los enfermos mentales son custodiados por una tribu  Chorfa (descendientes de Sidin´a Muhamad, sobre el sea la paz), a la mínima, sin ningún miramiento les encadenan y golpean hasta que el Faqui decide aplicar el exorcismo para expulsar el djim que les martiriza; algunos pasan años custodiados en la zahuia por semejantes cancerberos.
La mañana del día escogido para celebrar el Lilat, la shuawwfa sale con la faquía, bandeja llena de almendras, nueces, tamar o dátiles, dulces y dinero. Lo lleva a la tariká, o cofradía de los Isawua, a veces a la del los Gnawa y solicita su participación en la ceremonia. A la caída de la noche los Isawua acompañados por instrumentos de percusión tabales y korass, especie de grandes castañuelas de metal, entran en el patio de la casa, en  grave procesión presidida por el pendón verde de su cofradía, allí aguarda reunido todo el kahale de mujeres que participará en la danza colectiva alrededor de la shuawwfa.
Al anochecer, cuando el hilo blanco no se distingue del negro comienza la danza, y dura hasta las 4 de la madrugada. Las mujeres visten gandoras de cinco colores: negro, rojo, blanco, amarillo y buderbala o mezcla de todos ellos. Cada color convoca a un demonio femenino o masculino: el rojo atrae a Lala (señora) Arquía; el amarillo a Lala Amira, el negro llama a Sidi Hamo y el blanco a Mouley Cherif.
Cuando los Isawua comienzan a batir los tambores, tabales y Korass, la shuawwfa toma un cuchillo en cada mano e inicia un baile extático circular. Mueve la cabeza compulsivamente hacia los lados, el cabello suelto cubre la cara, el resto de mujeres en trance rodean a la vidente  y se suman gradualmente al baile. En el momento más álgido de la ceremonia, sobre la una o dos de la madrugada, la shuawwfa se infringe cortes en brazos y cara, sin apenas dejar más que marcas moradas superficiales. Cuando el djim viene a ella, las mujeres que la asisten sin participar en la danza, cubren rostro y cuerpo con un litan blanco o negro para vedar a los presentes las contorsiones del rostro y los sonoros eructos que emite la vidente, la voz se vuelve extraña y gutural, señales inequívocas de posesión, el djim ha llegado.
La danza tiene la facultad de provocar el trance a terceros, aquellos que como meros espectadores asisten a la ceremonia, deben ser demonios muminin o creyentes pues nunca han venido hacia el que esto escribe que siempre ha tenido la precaución de llevar en lugar reservado una estampa de S. Guillermo de Peñacorada y un rosario de pétalos de rosas comprado a las devotas hijas del Cister en su monasterio de Gradefes.
Las mujeres bailan en una especie de pandemonium como locas, con sus largos cabellos sueltos, a semejanza de las antiguas danzas báquicas de los griegos. Sobre la media noche se sacrifica una cabra negra, parte se cocina sin sal, pues la sal ahuyenta a los djnum, se  añade al guiso canela y azucar, luego se distribuye en platos por los cuatro rincones de la casa como alimento de los moradores del inframundo; el resto se cocina con sal para todos los presentes. Hacia las cuatro de la madrugada finaliza la ceremonia, la shuawwfa tranquila y sosegada con las facultades adivinatorias renovadas emite vaticinios para los presentes que lo solicitan, se quema  bojor Mequi (incienso de Meca) que llena de fragancia las estancias y el patio de la casa.
Que Dios guarde y acreciente las tradiciones del Magreb-Al- Arab y a nosotros nos libre de semejante caterva de genios y demonios.


Zahuia de Sidi Bel Abbes en Marraquech

Mueve la cabeza compulsivamente hacia los lados, el cabello suelto cubre la cara.

Llega el djim.

La shuawwfa se infringe cortes en manos y rostro.

Danza extática de hombres

Inicio de la danza para convocar a los djnum.