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viernes, 25 de julio de 2014

SANTIAGO PATRON DE LAS ESPAÑAS





Hace unos 1300 años, en uno de los valles más recónditos de la Cordillera Cantábrica, cuando los restos de la cristiandad ibérica luchaba por su supervivencia frente a la pujanza del Islam hispano, desamparados y pensando que el fin del mundo se acercaba, un monje de San Martín de Turieno escribe un tratado sobre un libro mínimo, el Apocalipsis de San Juan.
Beato creará en el Valle de Liébana, territorio cántabro vecino al nuestro, la Cantabria Leonesa, una especie de best-seller Alto medieval con un éxito sin precedentes, que originará una de las tradiciones iconográficas más importantes de todo el  occidente cristiano. En la España cristiana se leía el Apocalipsis como un libro inspirado que auguraba el triunfo sobre el Anticristo y la destrucción de Babilonia, trasunto de los infieles musulmanes, hijos de Ismael. A Beato se le supone también el autor de un himno litúrgico dedicado a Santiago con motivo de la dedicación de una iglesia y en el da la noticia de la predicación de Santiago el Mayor en España:
“Los grandes Hijos del Trueno,/ habiéndolo obtenido por el ruego de su ínclita madre,/ refulgen ambos con las muestras de su triunfo,/ rigiendo sólo Juan Asia/ y dueño su hermano de Hispania…/
Oh muy digno y santo apóstol/ dorada cabeza refulgente de Hispania,/ se nuestro protector y natural patrono,/ evita la peste, sé nuestra salud celeste,/ aleja la enfermedad, las heridas, los males y acompaña  favorable a nuestro rey (Mauregato)…
Es nuestra tierra fértil en acontecimientos y personajes que han trascendido la estrechez de los valles montañeses para convertirse en el sostén y armazón de lo que hoy conocemos como Naciones Hispanas. Beato junto a Pelayo y los primeros Alfonsos trasciende el tremendo Apocalipsis cultural que suponía el fin del cristianismo hispano. El famoso comentario de Beato nos acerca a los Apocalipsis que llenan los noticiarios televisivos del presente y a la figura enaltecida por el monje lebaniego, Santiago Boanerges, el Hijo del Trueno que se proyecta como la promesa de una hermosa y florida primavera después del largo invierno del infortunio espiritual que abate la otrora cristiana Europa. Exurge Iacobus.
Siro Sanz

  Retablo de Aleje. Remata la fábrica del mismo, una
imagen popular y sencilla de Santiago Matamoros vestido con casaca roja y espada en mano. Aleje perteneció hasta mediados del siglo XIX a la mitra de Santiago de Compostela por la donación de la villa en el siglo IX a Sisnando de Liébana, más tarde obispo de Iria Flavia, se reafirma así nuestra relación con Liébana, y el culto jacobeo; no en vano, Aleje se situa a la vera de la calzada del Esla, al mismo tiempo camino lebaniego y jacobeo.  (Foto: Siro Sanz)

Beato: La Nueva Jerusalén. Sobre las 12 puertas, los nombres de las 12 tribus de Israel y en los fundamentos de los muros, los  nombres de los Doce Apóstoles.



jueves, 24 de julio de 2014

LA IGUALDAD ANTE LA LEY Y EL BUEN GOBIERNO EN ROMA. (Ciceron tratado sobre la República, 33)


"Como la ley es el vínculo de la sociedad civil, y el derecho es la igualdad de todos ante la ley, ¿qué derecho puede mantener a la sociedad de los ciudadanos cuando son estos desiguales? Porque, si no conviene igualar las fortunas, si tampoco pueden ser iguales las inteligencias de todos, si que deben ser iguales los derechos de los que son ciudadanos de una misma república. Pues ¿qué es una ciudad sino una sociedad en el derecho e igualdad ante la ley de los ciudadanos?...
Una vez que las riquezas de unos pocos y no sus virtudes se hacen con el gobierno, tales personajes son llamados nobles y padres de la patria, sin merecerlo realmente; porque la riqueza, el apellido de sus familias, los caudales carentes de prudencia y de medida para saber vivir y gobernar a los demás, son causa de oprobio, de insolente soberbia, del robo a sus gobernados, porque no hay más degenerada forma de gobierno que aquella en la que se considera más nobles y preparados a los más opulentos, aquellos que mandan a los demás siendo esclavos de su ambición."

Marco Tullio Ciceron  106 a. C.- 43 a. C.

martes, 1 de julio de 2014

LA ERMITA DE SAN MIGUEL EN ALEJE. Siro Sanz






Sobre la antigüedad de Aleje baste recordar que es el único pueblo de la Cantabria leonesa que ostenta su nombre en  lápida perteneciente a la tribu Vadiniense. En uno de los varios monumentos funerarios encontrados aquí, figura el término alissiegini, en el cual es fácil separar alissie, hoy Aleje.
El año 874 comienza la repoblación cristiana de Aleje, cuando Sisnando de Liébana recibe del rey Alfonso III, la iglesia de Santa Eulalia destruida por los musulmanes hasta sus cimientos.
La interesante documentación Alto Medieval de Aleje, alude a ciertos pagos y antropónimos que pueden probar la existencia de la ermita de San Miguel ya en el siglo X, seguramente era la iglesia de un poblado hoy desaparecido; el topónimo "Villar" y el hallazgo de tumbas de lajas de piedra en su entorno así lo atestigua. Se mencionan también en la documentación caminos muy antiguos, en concreto romanos, como el camino que sube al Castil de la Mula  y El Pando y sale de la Cortina con el nombre de carraria entroncando en la vega con otro denominado carraria antiqua en 953. Las pequeñas dimensiones de la ermita de San Miguel y su planta rectangular la asemejan a muchas otras de la comarca, erigidas en lugares eminentes y, próximas a las corrientes o confluencias de arroyos; la de S. Miguel en la margen derecha del arroyo de su mismo nombre que viene del Pando y Castil de la Mula y cercana a la confluencia de éste con el arroyo que nace de las aguas vertientes originadas entre el circo montañoso formado por el Pico el Águila, el Roscas, Peña Rionda y Pico Moro. 
En la Montaña Oriental tenemos ejemplos de iglesias muy antiguas, datadas como ya existentes en tiempos anteriores al siglo VIII: S. Pedro de Orzales en Sajambre; en las Salas S. Martín de Alión; Santa Maria o Marina en Santaolaja de la Varga; la ya mencionada Santa Eulalia de Aleje; San Martín de Verdiago; y sospecho también de Santa Eulalia de Santaolaja de la Varga; San Jorge junto al castro de la Ercina y muchas más. Unas y otras encajan y  se explican en el esquema de la conquista romana y la campaña del Monte Vindio, como recogemos en la serie La Huella de las legiones, v. 8, pues todas ellas destacan por una constelación de indicios, allí apuntados, aparte de su valor estratégico. En cuanto posiciones destacadas  en la campaña,  y  de acuerdo con el estilo romano,  pudo  haber  existido  allí donde se sitúan las ermitas,  algún elemento de culto, e incluso, andando el tiempo,  bastaría  la imagen de un pasado mítico y misterioso  para que se llevase a cabo la cristianización del lugar. Se dice que San Miguel suele figurar como patrono en lugares que guardan alguna tradición de guerras muy remotas. Estas iglesias, muchas de ellas ya en ruinas, reclaman nuestra atención, son los testigos de los cultos antiguos y de la historia religiosa montañesa hasta la primera mitad del siglo XX. Su cercanía a las cumbres de los montes más señeros de la comarca las acercaba a la divinidad, pues los dioses antiguos se manifestaban en las montañas y allí recibían culto hasta que las divinas palabras del Rabí Jesús, vinieron a nosotros a través de la calzada del Esla. Merece la pena acercarse por el antiguo camino hasta la ermita de San Miguel de Aleje, pasear la vista por la belleza de sus montañas, a poco que nos esforcemos se escucha en ellas la respiración de Dios.

 El pesador de las almas, príncipe de los espíritus celestiales, fortísimo e invicto San Miguel Arcangel, patrón y titular de la ermita de Aleje.

Valle y ermita de San Miguel de Aleje bajo la mole de Pico Moro. (Foto: Siro S)

 La ermita de S. Miguel en lugar eminente sobre la confluencia del arroyo que baja del Pando y Castil de la Mula con el arroyo que nace en el circo formado por Pico Moro, Pico Roscas y Pico el Águila. (Foto: E Martino)

Magnífico tramo de calzada entre San Miguel y el Pando, por la quebrada rocosa que baja del Castil de la Mula. (Foto.E. Martino)
En dirección al Pico Roscas y la Peña Rionda, divisamos en el fondo del valle la ermita de S. Miguel. (Foto. Siro)