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domingo, 2 de agosto de 2015

RIAÑO MUERTE Y VENGANZA . ASI LAS GASTABAN LOS MONTAÑESES. 1535. La alevosa muerte del Arcipreste de Valdeburón. Del Libro los Señorios en la Montaña Oriental de Ramón Gutierrez y Siro Sanz García 2008



ALFATENA:
La nieve cubrió primero las altas cumbres del Burín, para bajar más tarde por los hayedos a morir junto a las aguas del Esla. La tormenta invernal no ha sido tan intensa como para impedir el paso de viandantes por la vieja calzada que desde Cistierna se adentra hacia las gargantas del Río Grande que conducen a los puertos de Valdeburón y Tierra de la Reina.
Es domingo enero de 1535. Una pequeña comitiva baja  camino de Riaño, Don Rodrigo Alonso arcipreste de Valdeburón viene de decir misa en su beneficio de Vegacerneja acompañado del juez y vecino de Lario Antón Rodríguez. La nieve amortigua los sonidos. Un silencio hondo se extiende por el valle y sobre las aguas del cercano río, la naturaleza duerme el largo sueño del invierno.
 Cuatro personas a caballo siguen al arcipreste y su amigo Antón. Ascienden desde el valle a las cuestas de la Peña el Castro para entrar a Éscaro por alto. Según se acercan a la aldea la compaña rodea en actitud protectora a D. Rodrigo.
La precaución está justificada: dos semanas antes, el arcipreste hacía el mismo recorrido y, cuando entraba al pequeño valle donde se encuentra el pueblo, le salieron algunos hombres  a reñir batalla, armados de hondas, lanzas, azconas y puñales. Estaban dirigidos por Juan Blanco cura de Escaro y su capellan Hernan Forte. Entre los hombres y mujeres de Éscaro que participaron en el ataque había personas  relevantes como Diego Gomez de Burón y Pedro Gomez  Juez  y escribano respectivamente en Burón. La escaramuza duró lo que tardaron en dar  vuelta  las caballerías y al trote subir hacia  Vegacerneja.
Las piedras y el hierro no le tocaron esta vez, pero los insultos y malas palabras corrían tras el. ¿Qué pensaba en su huída Don Rodrigo? ¿Se preguntaría acaso por la causa de este odio hacia su persona de clérigos, autoridades concejiles y pueblo llano? ¿Hasta cuando tendría que viajar así, con miedo, rodeado de gente armada?
En la comarca es sabido que el cura de Éscaro y Don Rodrigo en varias ocasiones se han amenazado el uno al otro de muerte y a punto estuvieron de llegar a las manos otras veces. Pero no sólo el clero parece agraviado por Don Rodrigo: en la treintena de parroquias que forman el arciprestazgo y, que Rodrigo Alonso administra con mano fuerte,  el descontento hacia su persona y maneras es tan grande que algunos de los principales de estas montañas le desean la muerte y la preparan en secreto.
 Lo peor, aún le  aguarda en Riaño…
 Pasaron esta vez  si incidentes; atrás quedó Escaro. Un poco más allá alcanzan a ver  el humo que sale por los tejados de paja en la aldea de la Puerta. El frío viento espanta los malos recuerdos y anima a don Rodrigo a seguir el camino. Suben a la collada, pasan junto la iglesia de Santiago; Riaño a sus pies, cubierto de nieve aparece desierto. Sólo se escucha el mugido de las vacas en los establos y el ladrido de los perros. 
 Leamos ahora las antiguas palabras contenidas en el documento del pleito que María Alonso, vecina de Soto se Sajambre,  hermana del arcipreste llevó ante el licenciado Arguello en julio de 1535 y que narran los dramáticos sucesos ocurridos cuando don Rodrigo Alonso entró aquel domingo de enero en la plaza de Riaño: “ era un día del mes de enero pasado deste presente año de 1535  reinando en estos reinos su cesárea majestad el emperador Don Carlos nuestro señor e viniendo el dicho Rodrigo Alonso mi hermano de decir misa de la Vega Cerneja y entrando en este lugar por do dicen la plaza de Riaño por donde esta la picota y con el Antón Rodríguez de Lario y otras personas de quien el solía andar acompañado por ser como era hombre principal, veniendo salvos e seguros por la dicha plaza de Riaño, los dichos Alvar Diez de Riaño e su hijo Iban, e Juan de Maricalva, e Juan Blanco e Hernan Forte, e Toribio Bajo, e Juan hijo de Rodrigo de Aldean, e Juan de Pedrosa e Rodrigo su hermano, e Toribio de la Canal, e Juan Gomez de Burón vecino de Lois, e salieron de dos casas que tiene el dicho Alvar Diez, la una donde el vivía que esta en la dicha plaza y la otra casa fuerte que esta junto a ella, armados de muchas e diversas armas, a saber, lanzas, escudos, casquetes, corazas, azconas,  espadas, puñales e ballestas armados todos juntos habla hecha e consejo avido dándose favor los unos a los otros con mucha furia y palabras diciendo a ellos, mueran mueran, tiraron muchos golpes al dicho Rodrigo Alonso mi hermano y al dicho Antón Rodríguez y a los otros de su compaña, entre los cuales dieron al dicho mi hermano Rodrigo una pedrada en la cabeza de que salió mucha sangre y le desatinaron y junto tras esto le dieron una herida con una lanza o venablo por el lado y tetilla izquierda en derecho del corazón de que luego súbitamente murió y así mismo dieron al dicho Antón Rodríguez una azconada por las tripas de la cual dicha herida incontinente murió y demás de esto con su furia y mala intención mataran a todos los otros que con ellos venían si Dios no los quisiera librar”.
María Alonso acusa a todos estos, matadores de su hermano y de Antón Rodríguez; también acusa a sus cómplices entre ellos, "Alonso Presa y Bartolomé López alcaldes de Riaño" que días después de este suceso fueron requeridos por Ana, hermana de María y del arcipreste, vecina de Riaño, sin que estos hiciesen nada por detener a los asesinos a los cuales ayudarán con comida, ropa y armas para huir hacia el sur, a Villamayor de Campos, donde pensamos nosotros que posiblemente tenían casas conocidas en sus bajadas a la carretería de Campos. La estancia de algunos de ellos en Carande, Horcadas y Huelde nos confirma que se dirigieron al sur por la calzada del Esla; en su huida serán ayudados por vecinos de estos pueblos.
La complicidad fue grande en todas las aldeas pertenecientes al arciprestazgo de Valdeburón.
De las pesquisas hechas por el licenciado Arguello se saca en conclusión: que algunas personas de estos pueblos prepararon la muerte del arcipreste; las que no participaron, en mayor o menor grado estaban enteradas y juntos decidieron pechar con lo que sucediese. El sigilo con el que se preparó la emboscada fue  tan grande,  a pesar del número de personas implicadas, que su hermana Ana, vecina de Riaño, junto con otros parientes nada sospecharon. Después del asesinato, el silencio y la exculpación de unos a otros sería la norma en todo el proceso; todo el mundo calla, sólo se responde si es para ayudar a los inculpados.
Esta complicidad permitió a los asesinos permanecer tranquilos casi una semana en Riaño y otros pueblos de la contorna. María Alonso desesperada acude a Valladolid donde alega:
“ que por ser tierra de señorío y de montañas no esperaba alcanzar justicia”. La realidad que se esconde detrás de esta afirmación es parecida a la que pudimos observar en Mental y Tejerina: gentes acostumbradas a  los abusos de poder, lejanía, tierras de señorío donde el señor esta ausente y supervisan sus merinos, señores feudales de los que no se espera alcanzar justicia y, en el fondo, una fidelidad al clan, atavismo tribal conservado en estas apartadas montañas. La existencia de casa fuerte, perteneciente a Alvar Diez  en la villa de Riaño, al margen de los Alba y los Aliste, también es de destacar.
 Huidos los asesinos, serán juzgados en rebeldía durante todo el mes de Julio; por lo tanto, sólo conocemos las alegaciones de la parte denunciante, alguna de estas alegaciones sin embargo arrojan un poco de luz sobre los motivos de la parte denunciada.

La ayuda que tuvieron en la preparación de la muerte y en la posterior huida viene confirmada por la extensa querella de María Alonso contra las siguientes personas: “ Yo María Alonso me querello de Diego Gomez juez del concejo de Burón y de Pero Gomez escribano vecinos de Burón y de Alonso de Aboces y de Juan de Lois vecinos de la Vega Cerneja y de Francisca hija de Juan Lopez manceba del dicho Juan Blanco, que de mas de haber querido matar al dicho Rodrigo Alonso pocos días antes que muriese, en el lugar de Escaro, después de muerto han favorecido, acompañado, acogido y dado mantenimientos y armas a los dichos matadores y denuncio además a Alonso Alvarez vecino de la Puerta y a Pedro de Parres y a Juan criado de Hernando y de Miguel y de Hernando de la Espina vecinos de Riaño y de Diego Gomez  y de García el de Herreros vecinos de Burón y jueces en el concejo de Burón y así mismo me querello de Pero Prieto y de Pagín y Alonso Gonzalez vecinos de Carande y de Pero Fernandez vecino de Horcadas y de Alonso Fernandez vecino de Huelde y de Diego y de juan Diez vecinos de Pedrosa y jueces en el dicho lugar de Pedrosa y de Pedro de la Caseria vecino de Retuerto y de García rodríguez y de Juan Diez y de Antonio Alvarez vecinos del lugar de la Puerta y digo señor que todos los suso dichos y cada uno de ellos han sido favorecedores y bastecedores de los dichos matadores”.
El número de lugares y de personas implicadas nos dan una idea de la dimensión del conflicto y de la calidad de las personas implicadas.
El mismo día, y en la mañana del asesinato, un cortejo de boda desciende de Pedrosa para pasar por Riaño, camino de Remolina dónde se celebrará la fiesta. La novia era trasladada sentada sobre las arcas de su ajuar en un carro acompañada de sus testigos, padrinos, parientes e invitados de ciertos pueblos del Valle de la Reina. El grupo debió de ser testigo o, al menos escuchar algo sobre los acontecimientos sucedidos en la villa esa mañana. En el cortejo de la novia iba Alonso Fernandez de Huelde que será acusado, junto con su mujer y su suegra, de haber dado comida, cama y haber curado a alguno de los matadores del arcipreste. Alonso Fernandez, en su descargo afirma que no supo nada en Riaño ni al día siguiente, pues paso todo el día del domingo celebrando la boda en Remolina. El caso es que a los pocos días encontramos en su casa de Huelde a varios de los implicados: “Y esa noche se fueron para casa de Alonso hernandez de Huelde y les recetaron y dieron de comer y beber en su casa y estuvo curandose Juan de Pedrosa hijo de Juan de Riaño que era uno de los delincuentes de una saetada en la pierna y allí estuvo también Alvaro hijo de Alvar Diez y allí en secreto estuvo también su compañero Toribio Bajo ayudados por Alonso Hernandez y su mujer”, Juan de Pedrosa  herido de una saeta permanecerá en esta casa nueve o diez días curándose; allí será visitado por su mujer y su padre que le darán todo lo necesario para la huida. En Carande y en Horcadas, también serán atendidos por sus heridas otros implicados lo que nos indica que en ataque hubo fuerte resistencia, prueba de que el arcipreste temía algo y acudía a Riaño preparado, lo mismo que  sus acompañantes. Él no pudo reaccionar y fue muerto justo al comienzo de la escaramuza. María Alonso, hermana del arcipreste trata de lavar la imagen de su hermano diciendo que era hombre de paz. Sin embargo la realidad que le rodea es muy distinta: los intentos de asesinato y el conflicto con el cura de Éscaro nos inclinan a pensar en algún tipo de abuso derivado de su cargo de arcipreste como desencadenante del proceso que le costaría la vida.
Alonso Hernandez de Huelde se defiende, junto con su mujer, diciendo que si ayudaron a los huidos fue porque solía dar de comer y beber a los viajeros de la calzada por sus dineros; sin embargo María Alonso y el Juez verán que son demasiados los días que los asesinos estuvieron en su casa y que estaban informados de todo lo que había pasado en Riaño. Serán condenados a la pena de destierro y confiscación de todos sus bienes.
En este oscuro pleito de Riaño, tanto el P Martino como Canal Sanchez Pagin barajan varías hipótesis en cuanto al origen del odio hacia el arcipreste de Valdeburón: para los dos historiadores pudo ser una combinación entre el abuso en el cobro por parte de los derechos y beneficios del arciprestazgo por parte de don Rodrigo y una desmedida afición a las mujeres que le atrajeron la ira de maridos despechados. Pensamos nosotros que la lujuria no fue la principal tacha de don Rodrigo, pero si la avaricia. Su hermana en una frase que Canal Pagin ya había mencionado dice inocentemente:”mi hermano era mancebo gran aqueridor de bienes y hacienda y de su muerte nos vino gran daño y pérdida en más de quinientos mil maravedis de más de los alimentos que el dicho don Rodrigo Alonso nos daba los cuales estimamos yo y mis hermanos en cada año en diez mil maravedis por eso pido que sus matadores me los den y paguen a mi y a los mis hermanos” .
Sabemos de otros dos hermanos de María Alonso, y debían ser tres o cuatro, a los que su hermano entregaba anualmente unos cuarenta mil maravedis. El valor de una vaca en Tejerina por estos mismo años era más  o menos 2600 maravedis. Entregaba por los tanto el equivalente a 12 ó 14  vacas anualmente a sus hermanos. ¿Cómo podía amasar tanto Don Rodrigo si no era excediéndose en el cobro de sus derechos en todas y cada una de las aldeas de su arciprestazgo?. La lujuria, en cambio, si parece ser el pecado de uno de los principales enemigos del arcipreste: en el proceso se acusa a Francisca Gomez manceba de Juan Blanco cura de Escaro de tomar parte en el ataque en este pueblo y, después de lo de Riaño, de haber ayudado con comida y armas a su amante en la huida. Don Rodrigo no dejaría de reconvenir a Juan Blanco por la vida que llevaba, pues su obligación era velar por la moralidad de los párrocos, y de aquí vino la enemistad entre ambos que se amenazaron de muerte en muchas ocasiones y en otras tuvieron que ser separados antes que llegaran a mayores. El concilio de Trento intentaría solucionar el problema de estos clérigos abarraganados, costumbre en parte aceptada por muchos de sus feligreses.
El día 17 de septiembre de 1535 el licenciado Arguello emite su sentencia, durísima con algunos de los participantes de la muerte del arcipreste. Se condenaba a Alvaro Díaz, como autor principal y cabeza del grupo que asesino a Rodrigo Alonso, a ser arrastrado por dos caballos bravos, metido en un serón por los lugares públicos de la villa y así, llevado hasta el rollo ó picota y allí ser ahorcado y además que satisfaga a María Alonso por los daños causados y a la mitad de sus bienes para la cámara y fisco real.
 Asimismo se condenaba a Ibán, hijo de Alvaro Díaz, y a Juan, hijo de Pedro de Maricalva, y a Alonso, hijo de Rodrigo de Aldean, y a Juan de Pedrosa, y a Rodrigo su hermano, y a Toribio Bajo, y a Juan de Doblen su sobrino vecinos de Escaro, y a Toribio de la Canal vecino de Vegacerneja, y a Juan Gomez vecino de Lois, a ser montados en bestias de albarda con las manos atadas y sendas sogas al pescuezo, con pregón público de sus fechorías, y  llevados a la horca, donde ser ahorcados. Además, deberían satisfacer 25000 maravedís cada uno por diversos conceptos: multa, indemnización a María Alonso, salario del Juez, se añaden las costas y cargar con la pena pecuniaria impuesta a Alvaro Díaz si este no puede aportar sus bienes. Todos y cada uno de ellos fueron condenados en rebeldía pues habían desaparecido de la escena.  A los clérigos Juan Blanco y Hernan Forte, vecinos de Escaro se les condena también en rebeldía a ser entregados al obispo de su diócesis para que les diese las penas canónicas que merecían. Hubo un condenado que fugitivo por la zona, fue perdonado en 1545 por el emperador.
El ruido de este proceso debió ser enorme en la montaña de Riaño, y sus consecuencias importantes por el número de personas y familias implicadas, la destacada participación de clérigos y autoridades concejiles nos confirman en el móvil económico como en Tejerina y Mental. Don Rodrigo Alonso destinaba a  su familia  bienes eclesiásticos que éstos convertían en bienes patrimoniales; los conflictos  por la percepción de estos bienes terminaron con la muerte del arcipreste cuando ya no pudieron sufrir más sus exacciones, y en el caso de los clérigos opositores al arcipreste, aparece una mezcla de motivos económicos, como llevadores de estos beneficios y motivos personales, trasfondo de una vida privada falta de moralidad por la que eran reconvenidos por su superior.
 Iglesia de S. Pedro de la Puerta. (Foto Siro Sanz)

2 comentarios:

  1. Sí ya lo dice el refrán.... "la jodienda no tiene enmienda... "espectacular documento de nuestro leon más profundo, donde la gota colmo el basó y los vecinos se tomaron la justicia por su mano y ya sabemos que el que roba a un ladrón mil años de perdón....

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  2. Pues si Ramón, aquellas gentes luchaban contra sus señores, algunos de horca y cuchillo, para defender siempre sus menguadas haciendas y sobre todo las tierras comunales. Un ejemplo para sus descendientes tan apagados y poco reivindicadores salvo honrosas excepciones como los de: RIAÑO VIVE.

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